Extraña en mi cuerpo, asomándome a los ojos, muy despacio, con miedo a descubrir que me he equivocado de lugar.
El contacto de las paredes es húmedo, frío, como mi sudor, el aire helado me hace estremecer.
Inspiro profundamente, y el eco de mi propio respirar invade todo, me quedo quieta, esperando... todos mis sentidos se funden en uno solo... El silencio.
Hay silencios relajados, silencios llameantes, silencios fríos, pero este silencio es mucho más, es intenso, tanto, que cuesta dejar de sentirlo en mi piel.
Pero ahora estás aquí, y los silencios tienen un nuevo color.
Cuando te miro en silencio, oigo el latir de mil pensamientos, casi puedo verlos, tocarlos con la punta de mis dedos.
Hablas, y hablas y sonríes, y te mueves, y cuentas mil cosas y te agitas y revuelves tus manos, y buscas, buscas sin cesar mientras te observo... no puedes esconderte de la mirada vigilante que te acecha...
Hablas y hablas y no oigo lo que dices, no es necesario, no sabemos qué decimos, no importa, yo sigo oyendo tus silencios, cierras los ojos pero sabes que sigo viéndote, no, no puedes esconderte, ni siquiera quieres esconderte... de mi.
No lo echo en falta, no quiero volver al frío de mi interior, ahora no... ni siquiera sé si querré algún día, miro hacia atrás en la distancia, ese punto lejano, oscuro... y me sonrío.
Me gusta escuchar tus silencios, me siento cómoda, arropada, no hace frío en tus silencios, nunca te agradeceré lo suficiente que los compartas conmigo, todo está bien, todo estará bien, es tu silencio, es el mío.... somos del silencio.
Nadie te dijo que te vuelcas, te entregas, te desnudas infinitamente en cada silencio que rodeas de palabras, o de gestos, o de gente, o de historias o de sonidos...
No, no importa nada, sólo mírame en silencio y déjame acariciar tus pensamientos cuando me hablas.
jueves, 23 de agosto de 2007
sábado, 14 de abril de 2007
Un alto en mitad de la tormenta
Te entregas, luchas con las fuerzas que tienes y con las que inventas.
Te deshaces, das todo, te compones y descompones varias veces para poder moldearte a la imagen y semejanza del ser que otros necesitan.
Sacas de ti lo que tienes y lo que no tienes, y cuando ya no queda nada, te sientas a contemplar con horror, cómo todo el esfuerzo, cada gota de tu esencia, se perderá en un mar infinito, cruel, que camuflará tu entrega en un simple intento, en un segundo más de tiempo, sólo uno...
El tiempo que a veces ha sido tu aliado, se torna tu peor enemigo, tu vampiro incansable de energía, tu lucha interna y eterna.
Miras al horizonte y sólo ves más y más y más lágrimas...
Detente.
Quítate esas ropas, están mojadas, siéntate en la orilla, contempla el mar, no mires al horizonte, mira esa ola que se acerca a lamerte las heridas, que te cura, esa que está aquí, en este instante, esa que puedes tocar y que se desliza entre tus dedos, inofensiva.
Cierra los ojos, respira profundamente, déjate acariciar por la brisa de sal, descansa... lo necesitas.
Ahora es el momento de pensar, de sacar la racionalidad más pura, de ser de metal, de apartar las lágrimas, el sudor, las fuerzas y la desidia, desnúdate de sombras y de luz.
Descubre hasta dónde has de nadar, hasta dónde puedes sumergirte en ese mar, lucha con él cuanto quieras, pero recuerda... al final, el mar siempre te traerá de vuelta a tierra firme.
Prepárate para el regreso... ¿podrás?
Sí, ahora sí, ahora tienes todas las respuestas, las que necesitas tú y las que otros han olvidado, deja que las descubran, deja que te descubran, enseña y aprende, descubre y vive.
El horizonte no es más que una ilusión, no existe, no puedes llegar a él, ¿por qué lucharlo?
Deja las fuerzas para caminar día a día, otros seguirán tu luz... si quieren hacerlo, o inventarán su propia luz si eso les satisface.
Hay fuerzas que aún desconoces, contra las que no has de luchar sino hacer tuyas.
Abre los ojos ahora, el mar se te queda pequeño, el horizonte no es más que un camino a seguir... tú decides si quieres recorrerlo a pie, nadar hacia él o simplemente soñarlo.
Te deshaces, das todo, te compones y descompones varias veces para poder moldearte a la imagen y semejanza del ser que otros necesitan.
Sacas de ti lo que tienes y lo que no tienes, y cuando ya no queda nada, te sientas a contemplar con horror, cómo todo el esfuerzo, cada gota de tu esencia, se perderá en un mar infinito, cruel, que camuflará tu entrega en un simple intento, en un segundo más de tiempo, sólo uno...
El tiempo que a veces ha sido tu aliado, se torna tu peor enemigo, tu vampiro incansable de energía, tu lucha interna y eterna.
Miras al horizonte y sólo ves más y más y más lágrimas...
Detente.
Quítate esas ropas, están mojadas, siéntate en la orilla, contempla el mar, no mires al horizonte, mira esa ola que se acerca a lamerte las heridas, que te cura, esa que está aquí, en este instante, esa que puedes tocar y que se desliza entre tus dedos, inofensiva.
Cierra los ojos, respira profundamente, déjate acariciar por la brisa de sal, descansa... lo necesitas.
Ahora es el momento de pensar, de sacar la racionalidad más pura, de ser de metal, de apartar las lágrimas, el sudor, las fuerzas y la desidia, desnúdate de sombras y de luz.
Descubre hasta dónde has de nadar, hasta dónde puedes sumergirte en ese mar, lucha con él cuanto quieras, pero recuerda... al final, el mar siempre te traerá de vuelta a tierra firme.
Prepárate para el regreso... ¿podrás?
Sí, ahora sí, ahora tienes todas las respuestas, las que necesitas tú y las que otros han olvidado, deja que las descubran, deja que te descubran, enseña y aprende, descubre y vive.
El horizonte no es más que una ilusión, no existe, no puedes llegar a él, ¿por qué lucharlo?
Deja las fuerzas para caminar día a día, otros seguirán tu luz... si quieren hacerlo, o inventarán su propia luz si eso les satisface.
Hay fuerzas que aún desconoces, contra las que no has de luchar sino hacer tuyas.
Abre los ojos ahora, el mar se te queda pequeño, el horizonte no es más que un camino a seguir... tú decides si quieres recorrerlo a pie, nadar hacia él o simplemente soñarlo.
sábado, 20 de enero de 2007
Un mar de invierno rojo.
Hoy me has enseñado a respirar bajo el agua, a nadar entre nubes, a sumergirme en la tierra de un invierno cubierto de cristal.
Reflejos anaranjados que aumentan su intensidad cuando te observo en silencio.
He descubierto un universo lleno de colores que se ocultaba entre sombras, estaba ahí, en su pequeña cajita de madera, esperando a que unos dedos curiosos la abrieran para hacer sonar su música interior, desplegando emociones por doquier...
Y es tan grande la energía que me envuelve, tan intensa, que siento vértigo cuando cierro los ojos, y las lágrimas dibujan caminos infinitos, que no hemos de recorrer aún.
Hoy me has mostrado una sonrisa, plagada de secretos, una mirada inocente a mi interior, y ha sido entonces cuando todo ha girado en torno a mí, cuando respirar se ha convertido en algo fútil, cuando un soplo de aire fresco, ha desplegado sus notas mágicas y me ha hecho vibrar, cuando quiero acariciar tus sonidos mucho antes de respirarlos para siempre, cuando el instinto sale fuera y oculta toda la piel que inventamos cada día para cubrir un corazón roto.
Y he soñado que vivo sueños, y entre sueños y vidas... gota a gota, se derraman las horas de una canción.
Gracias por sacar lo mejor de mí.
Reflejos anaranjados que aumentan su intensidad cuando te observo en silencio.
He descubierto un universo lleno de colores que se ocultaba entre sombras, estaba ahí, en su pequeña cajita de madera, esperando a que unos dedos curiosos la abrieran para hacer sonar su música interior, desplegando emociones por doquier...
Y es tan grande la energía que me envuelve, tan intensa, que siento vértigo cuando cierro los ojos, y las lágrimas dibujan caminos infinitos, que no hemos de recorrer aún.
Hoy me has mostrado una sonrisa, plagada de secretos, una mirada inocente a mi interior, y ha sido entonces cuando todo ha girado en torno a mí, cuando respirar se ha convertido en algo fútil, cuando un soplo de aire fresco, ha desplegado sus notas mágicas y me ha hecho vibrar, cuando quiero acariciar tus sonidos mucho antes de respirarlos para siempre, cuando el instinto sale fuera y oculta toda la piel que inventamos cada día para cubrir un corazón roto.
Y he soñado que vivo sueños, y entre sueños y vidas... gota a gota, se derraman las horas de una canción.
Gracias por sacar lo mejor de mí.
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