sábado, 14 de abril de 2007

Un alto en mitad de la tormenta

Te entregas, luchas con las fuerzas que tienes y con las que inventas.

Te deshaces, das todo, te compones y descompones varias veces para poder moldearte a la imagen y semejanza del ser que otros necesitan.

Sacas de ti lo que tienes y lo que no tienes, y cuando ya no queda nada, te sientas a contemplar con horror, cómo todo el esfuerzo, cada gota de tu esencia, se perderá en un mar infinito, cruel, que camuflará tu entrega en un simple intento, en un segundo más de tiempo, sólo uno...

El tiempo que a veces ha sido tu aliado, se torna tu peor enemigo, tu vampiro incansable de energía, tu lucha interna y eterna.

Miras al horizonte y sólo ves más y más y más lágrimas...

Detente.

Quítate esas ropas, están mojadas, siéntate en la orilla, contempla el mar, no mires al horizonte, mira esa ola que se acerca a lamerte las heridas, que te cura, esa que está aquí, en este instante, esa que puedes tocar y que se desliza entre tus dedos, inofensiva.

Cierra los ojos, respira profundamente, déjate acariciar por la brisa de sal, descansa... lo necesitas.

Ahora es el momento de pensar, de sacar la racionalidad más pura, de ser de metal, de apartar las lágrimas, el sudor, las fuerzas y la desidia, desnúdate de sombras y de luz.

Descubre hasta dónde has de nadar, hasta dónde puedes sumergirte en ese mar, lucha con él cuanto quieras, pero recuerda... al final, el mar siempre te traerá de vuelta a tierra firme.

Prepárate para el regreso... ¿podrás?

Sí, ahora sí, ahora tienes todas las respuestas, las que necesitas tú y las que otros han olvidado, deja que las descubran, deja que te descubran, enseña y aprende, descubre y vive.

El horizonte no es más que una ilusión, no existe, no puedes llegar a él, ¿por qué lucharlo?

Deja las fuerzas para caminar día a día, otros seguirán tu luz... si quieren hacerlo, o inventarán su propia luz si eso les satisface.

Hay fuerzas que aún desconoces, contra las que no has de luchar sino hacer tuyas.

Abre los ojos ahora, el mar se te queda pequeño, el horizonte no es más que un camino a seguir... tú decides si quieres recorrerlo a pie, nadar hacia él o simplemente soñarlo.