sábado, 16 de julio de 2011

Semilla en la tierra

Duele,
la vida como un puñal hay veces que duele
y nada tiene que ver con tu boca
que hecha para besar hay veces que muerde,
que anuncia cordura y a veces se vuelve loca
y duele porque la piel no es materia inerte
y duele porque el querer es dolerse a veces.

Tiembla,
la vida como con miedo hay veces que tiembla
y nada tiene que ver con el aire
que mueve tu ropa en noches de luna escueta,
que aprieta, suelta y evoca y me enloquece
y tiembla por los latidos que tú provocas
y también porque el querer es temblar a veces.

Y cada uno en su camino
va cantando espantando sus penas
y cada cual en su destino
va llenando de soles sus venas.

Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón,
tirando piedras contra la última frontera,
la que separa el mar del cielo del color de tus maneras,
la que me lleva a la guerra a ser semilla en la tierra.

Y no me pidas tanto, corazón,
que tengo poco aire en el pulmón,
lo que tengo es un castillo en el cielo.

Si viene la guadaña a mi rincón,
enjuágame la frente en tu sudor
y le das un beso a todos si me muero.

Ríe,
la vida como un volcán hay veces que ríe,
y nada tiene que ver con el tiempo,
se ríe porque para ella somos tan leves
como el humo azul que del pudor se desprende
y ríe porque tu llanto se lo merece
y también porque el querer es reírse a veces.

Vive,
la vida por compasión hay veces que vive
y nada tiene que ver con la muerte
y cuando llegue ese instante déjame verte
que no hay mayor libertad que tenerte enfrente
y que nadie sea absuelto por no quererse...
y vive porque el querer es vivir con creces.

Y si todo es semilla
no me dolerá la astilla
que sangran de mi costado tus andares de chiquilla,
y no me digas nada,
déjame a mí en mi ventana
con los pies del otro lado,
yo me fumo mis mañanas.

Carlos Chouen

jueves, 23 de agosto de 2007

Silencios

Extraña en mi cuerpo, asomándome a los ojos, muy despacio, con miedo a descubrir que me he equivocado de lugar.

El contacto de las paredes es húmedo, frío, como mi sudor, el aire helado me hace estremecer.

Inspiro profundamente, y el eco de mi propio respirar invade todo, me quedo quieta, esperando... todos mis sentidos se funden en uno solo... El silencio.

Hay silencios relajados, silencios llameantes, silencios fríos, pero este silencio es mucho más, es intenso, tanto, que cuesta dejar de sentirlo en mi piel.

Pero ahora estás aquí, y los silencios tienen un nuevo color.

Cuando te miro en silencio, oigo el latir de mil pensamientos, casi puedo verlos, tocarlos con la punta de mis dedos.

Hablas, y hablas y sonríes, y te mueves, y cuentas mil cosas y te agitas y revuelves tus manos, y buscas, buscas sin cesar mientras te observo... no puedes esconderte de la mirada vigilante que te acecha...

Hablas y hablas y no oigo lo que dices, no es necesario, no sabemos qué decimos, no importa, yo sigo oyendo tus silencios, cierras los ojos pero sabes que sigo viéndote, no, no puedes esconderte, ni siquiera quieres esconderte... de mi.

No lo echo en falta, no quiero volver al frío de mi interior, ahora no... ni siquiera sé si querré algún día, miro hacia atrás en la distancia, ese punto lejano, oscuro... y me sonrío.

Me gusta escuchar tus silencios, me siento cómoda, arropada, no hace frío en tus silencios, nunca te agradeceré lo suficiente que los compartas conmigo, todo está bien, todo estará bien, es tu silencio, es el mío.... somos del silencio.

Nadie te dijo que te vuelcas, te entregas, te desnudas infinitamente en cada silencio que rodeas de palabras, o de gestos, o de gente, o de historias o de sonidos...

No, no importa nada, sólo mírame en silencio y déjame acariciar tus pensamientos cuando me hablas.

sábado, 14 de abril de 2007

Un alto en mitad de la tormenta

Te entregas, luchas con las fuerzas que tienes y con las que inventas.

Te deshaces, das todo, te compones y descompones varias veces para poder moldearte a la imagen y semejanza del ser que otros necesitan.

Sacas de ti lo que tienes y lo que no tienes, y cuando ya no queda nada, te sientas a contemplar con horror, cómo todo el esfuerzo, cada gota de tu esencia, se perderá en un mar infinito, cruel, que camuflará tu entrega en un simple intento, en un segundo más de tiempo, sólo uno...

El tiempo que a veces ha sido tu aliado, se torna tu peor enemigo, tu vampiro incansable de energía, tu lucha interna y eterna.

Miras al horizonte y sólo ves más y más y más lágrimas...

Detente.

Quítate esas ropas, están mojadas, siéntate en la orilla, contempla el mar, no mires al horizonte, mira esa ola que se acerca a lamerte las heridas, que te cura, esa que está aquí, en este instante, esa que puedes tocar y que se desliza entre tus dedos, inofensiva.

Cierra los ojos, respira profundamente, déjate acariciar por la brisa de sal, descansa... lo necesitas.

Ahora es el momento de pensar, de sacar la racionalidad más pura, de ser de metal, de apartar las lágrimas, el sudor, las fuerzas y la desidia, desnúdate de sombras y de luz.

Descubre hasta dónde has de nadar, hasta dónde puedes sumergirte en ese mar, lucha con él cuanto quieras, pero recuerda... al final, el mar siempre te traerá de vuelta a tierra firme.

Prepárate para el regreso... ¿podrás?

Sí, ahora sí, ahora tienes todas las respuestas, las que necesitas tú y las que otros han olvidado, deja que las descubran, deja que te descubran, enseña y aprende, descubre y vive.

El horizonte no es más que una ilusión, no existe, no puedes llegar a él, ¿por qué lucharlo?

Deja las fuerzas para caminar día a día, otros seguirán tu luz... si quieren hacerlo, o inventarán su propia luz si eso les satisface.

Hay fuerzas que aún desconoces, contra las que no has de luchar sino hacer tuyas.

Abre los ojos ahora, el mar se te queda pequeño, el horizonte no es más que un camino a seguir... tú decides si quieres recorrerlo a pie, nadar hacia él o simplemente soñarlo.

sábado, 20 de enero de 2007

Un mar de invierno rojo.

Hoy me has enseñado a respirar bajo el agua, a nadar entre nubes, a sumergirme en la tierra de un invierno cubierto de cristal.

Reflejos anaranjados que aumentan su intensidad cuando te observo en silencio.

He descubierto un universo lleno de colores que se ocultaba entre sombras, estaba ahí, en su pequeña cajita de madera, esperando a que unos dedos curiosos la abrieran para hacer sonar su música interior, desplegando emociones por doquier...

Y es tan grande la energía que me envuelve, tan intensa, que siento vértigo cuando cierro los ojos, y las lágrimas dibujan caminos infinitos, que no hemos de recorrer aún.

Hoy me has mostrado una sonrisa, plagada de secretos, una mirada inocente a mi interior, y ha sido entonces cuando todo ha girado en torno a mí, cuando respirar se ha convertido en algo fútil, cuando un soplo de aire fresco, ha desplegado sus notas mágicas y me ha hecho vibrar, cuando quiero acariciar tus sonidos mucho antes de respirarlos para siempre, cuando el instinto sale fuera y oculta toda la piel que inventamos cada día para cubrir un corazón roto.

Y he soñado que vivo sueños, y entre sueños y vidas... gota a gota, se derraman las horas de una canción.

Gracias por sacar lo mejor de mí.

sábado, 16 de diciembre de 2006

Nombre

Ella se dejaba seducir por aquella voz, bailando sueños.
Él se desnudaba en palabras que mantenían el calor de su danza, sólo para contemplar los movimientos que le regalaban.

Ella arqueaba su espalda, cerrando los ojos, entregando su alma a aquella música.
Él la respiraba, tocaba sus labios entreabiertos, y seguía susurrándole vida.

Ella deshacía su corporeidad, se transformaba en latidos, en pulsos vibrantes de sí misma.
Él capturaba su esencia, acariciaba las huellas aún tibias de la estancia compartida, la perseguía sin alcanzarla, extendiendo los dedos hacia el deseo voraz.

Ella le miró a los ojos, se acurrucó en su piel y se durmió en su pecho.
Él la besó en la sien, suspiró profundamente y guardó sus sueños.

Pasó la tarde, y ambos despertaron con una idea en la mente.

Ella le llamó amor.
Él aún busca un nombre que le ayude a recordarla.

domingo, 3 de diciembre de 2006

A un hada errante de otros tiempos.

Una lágrima, para recordar que aún vivimos.
Una sonrisa, para entregarte mi aliento.
Una caricia, para sentirte cerca por siempre.
Una mirada, para abrigarte del frío.
Una mañana, para abrazarte sin fin.
Unos pasos, para acercarme a tu oído.
Unas manos, para contar historias pasadas.
Una noche, para olvidar que hubo luz.
Una despedida, para soñar el reencuentro.
Una distancia, para romper las fronteras.
Una palabra, para saber que estás bien.
Un silencio, para sanar nuestras almas...

Hoy ha salido el Sol y no lo sabes, déjame enseñarte su calor, acompañarte a ver cómo amanece la vida, cómo se oculta la muerte, cómo el dolor no es más que el escozor de una herida que va curándose lentamente...

Siéntate conmigo a contemplar los destellos de un mar de Alejandría, que te baña con su bálsamo de sal, que refleja mil instantes por vivir.

¡Y vive!

jueves, 23 de noviembre de 2006

Danzas de mar

El mar traiciona a sus amantes, sin pedirles permiso, sin consultarles.

En la profundidad de su aparente calma, una simple gota de rencor lanza olas gigantescas contra las rocas, y ni siquiera yo soy capaz de contener su furia.

Le hablo bajito, en susurros, le cuento historias pasadas de amor, canto en su oido... Pero hay muros muy debilitados por el viento, la piedra se evapora con cada embestida salada, amarga y me agota.

El mar es a veces sutil y dulce, te mece, te acuna en sus brazos de espuma y la vida te sube por los pies, te acaricia el corazón y la mente. Incluso hay veces en las que te levanta hacia el cielo haciéndote tocar estelas de humo con las puntas de los dedos, transmitiéndote su fuerza y su sabiduría, haciéndote grande.

Entonces le cuento secretos de sirenas sin náufrago al que perder, y los muros se hacen altos y esponjosos, y absorben toda su luz.

Hoy las mareas me han llevado a rastras hacia la orilla, y cada lengua de mar, ha lamido mi resistencia hasta agotarla. En mis puños cerrados aún quedan restos de arena arrancada de sus entrañas, pero él, impasible, me guarda finales dolorosos, como piezas de cristal afiladas en las que reflejar un baile continuo de ilusión y desesperanza.

Amo este mar que me conmueve, que me hiere, que me ama.

Contémplalo hoy, sumérgete en el mar esta noche, se ha llevado mi fuerza consigo y no me la devuelve. Quizás así puedas sentir mis lágrimas bañando tus mentiras, mientras el faro ilumina mi verdad.

Mi verdad...

"...Y abrázame fuerte, que no pueda respirar, tengo miedo de que un día ya no quieras bailar conmigo nunca más..."