Ella se dejaba seducir por aquella voz, bailando sueños.
Él se desnudaba en palabras que mantenían el calor de su danza, sólo para contemplar los movimientos que le regalaban.
Ella arqueaba su espalda, cerrando los ojos, entregando su alma a aquella música.
Él la respiraba, tocaba sus labios entreabiertos, y seguía susurrándole vida.
Ella deshacía su corporeidad, se transformaba en latidos, en pulsos vibrantes de sí misma.
Él capturaba su esencia, acariciaba las huellas aún tibias de la estancia compartida, la perseguía sin alcanzarla, extendiendo los dedos hacia el deseo voraz.
Ella le miró a los ojos, se acurrucó en su piel y se durmió en su pecho.
Él la besó en la sien, suspiró profundamente y guardó sus sueños.
Pasó la tarde, y ambos despertaron con una idea en la mente.
Ella le llamó amor.
Él aún busca un nombre que le ayude a recordarla.
sábado, 16 de diciembre de 2006
domingo, 3 de diciembre de 2006
A un hada errante de otros tiempos.
Una lágrima, para recordar que aún vivimos.
Una sonrisa, para entregarte mi aliento.
Una caricia, para sentirte cerca por siempre.
Una mirada, para abrigarte del frío.
Una mañana, para abrazarte sin fin.
Unos pasos, para acercarme a tu oído.
Unas manos, para contar historias pasadas.
Una noche, para olvidar que hubo luz.
Una despedida, para soñar el reencuentro.
Una distancia, para romper las fronteras.
Una palabra, para saber que estás bien.
Un silencio, para sanar nuestras almas...
Hoy ha salido el Sol y no lo sabes, déjame enseñarte su calor, acompañarte a ver cómo amanece la vida, cómo se oculta la muerte, cómo el dolor no es más que el escozor de una herida que va curándose lentamente...
Siéntate conmigo a contemplar los destellos de un mar de Alejandría, que te baña con su bálsamo de sal, que refleja mil instantes por vivir.
¡Y vive!
Una sonrisa, para entregarte mi aliento.
Una caricia, para sentirte cerca por siempre.
Una mirada, para abrigarte del frío.
Una mañana, para abrazarte sin fin.
Unos pasos, para acercarme a tu oído.
Unas manos, para contar historias pasadas.
Una noche, para olvidar que hubo luz.
Una despedida, para soñar el reencuentro.
Una distancia, para romper las fronteras.
Una palabra, para saber que estás bien.
Un silencio, para sanar nuestras almas...
Hoy ha salido el Sol y no lo sabes, déjame enseñarte su calor, acompañarte a ver cómo amanece la vida, cómo se oculta la muerte, cómo el dolor no es más que el escozor de una herida que va curándose lentamente...
Siéntate conmigo a contemplar los destellos de un mar de Alejandría, que te baña con su bálsamo de sal, que refleja mil instantes por vivir.
¡Y vive!
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