domingo, 3 de diciembre de 2006

A un hada errante de otros tiempos.

Una lágrima, para recordar que aún vivimos.
Una sonrisa, para entregarte mi aliento.
Una caricia, para sentirte cerca por siempre.
Una mirada, para abrigarte del frío.
Una mañana, para abrazarte sin fin.
Unos pasos, para acercarme a tu oído.
Unas manos, para contar historias pasadas.
Una noche, para olvidar que hubo luz.
Una despedida, para soñar el reencuentro.
Una distancia, para romper las fronteras.
Una palabra, para saber que estás bien.
Un silencio, para sanar nuestras almas...

Hoy ha salido el Sol y no lo sabes, déjame enseñarte su calor, acompañarte a ver cómo amanece la vida, cómo se oculta la muerte, cómo el dolor no es más que el escozor de una herida que va curándose lentamente...

Siéntate conmigo a contemplar los destellos de un mar de Alejandría, que te baña con su bálsamo de sal, que refleja mil instantes por vivir.

¡Y vive!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta mañana, le decía a alguien, que a pesar de todo... entraba por mi ventana un sol espléndido, y que eso... yo no puedo cambiarlo.
Tiempo al tiempo. El tiempo es lo único que pone las cosas en su sitio, las que deben permanecer, y las que no... también se encarga el tiempo de destruirlas.
Dame tiempo, Alejandría, del mismo modo que yo se lo dí, para luego quitárselo a ese hada errante.
Un beso desde el corazón :**********

C.

Caïd dijo...

Sed fugit interea, fugit inreparabile tempus


Virgilio, Geórgicas III, 284