miércoles, 15 de noviembre de 2006

Amanece en Alejandría

Respiré pensándote en el aire,
despojada de mi piel te imaginé cautivo.

Sonreí llenando tu vacío,
capturé tus fugas,
arañé la piel de tus paredes,
desprendiendo mis vergüenzas y temor.

Susurré poemas bajo el agua,
hechizos prohibidos, magia rota.
Abracé lujurias de otros tiempos,
cerrando en falso grietas tumefactas.

Dejé escapar la serenidad de un mar que me refleja.

Y ya no vi más luz...

Muéstrame unos dedos
coloreando los surcos de mis manos.
Esa luz que crece por el este
trae cantos lejanos de conquista.

Ayúdame,
he de recibirlo con honores.

Algo está tejiéndose por dentro,
acariciando el dolor de unas pupilas
que tienen tanto aún por contemplar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

He venido a comulgar contigo de este intento de remontada, a buscar un poco de blanco recién nacido, un poco de desnudez, otro tanto de fuerza, y un aliento, que me permita llegar viva al otro lado de las pesadillas. Para tu abrazo, deberé esperar aún nueve días. Que vuele el tiempo.

C.