sábado, 18 de noviembre de 2006

Perdida

Poco a poco me voy dejando llevar hacia esa espiral, agónica en su extremo, inalcanzable. Giro en torno a mí misma, dando vueltas y vueltas sin parar, alternando momentos de esperanza y rendición, de luz y oscuridad.

Pequeñas piezas sueltas de mi interior suenan al chocar con otras piezas que propagan oleadas de energía iluminando fragmentos de tiempo en la memoria.

Grietas, redondeces, vértices, todo deja de suavizarse mientras oigo, absorta, el sonido de mi propio latir. Se hace dolorosamente irreal, y entonces vivo.

Mil teclas me componen, y no hay partituras escritas que seguir, blancas, negras....

Pentagrama de pulsos instintivos, rojos, azules...

Me vuelvo gris, invisible, inerte, imposible, irreal, instinto puro camuflado de gris. No estoy, no he querido venir a verme, olvidé mi dirección. Ya no tengo dónde ir, ni dónde estar, ni dónde ser... ya no hay espacio para mí.

El amanecer indica que el faro debe descansar... ahora hay piloto automático, podrán regresar a casa.

¿Dónde está mi hogar?

Quizás sea el momento de la entrega total y absoluta, sin dobleces. Shhhh silencio, voces que gritáis ¡guardad silencio!, necesito una entrega plena a mi propio ser y no lo encuentro.

Yo, me, mi, conmigo...

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